17 de agosto de 2018

Moros y cristianos

Pedro Antonio de Alarcón
Moros y cristianos
(Cuento)
II

Una tarde regresó de su faena el tío Hormiga muy preocupado y
caviloso y más temprano que de costumbre.

Su mujer aguardó a que despachase a los mozos de labor para
preguntarle qué tenía, y él respondió enseñándole un tubo de plomo con tapadera, por el estilo del cañuto de un licenciado del ejército; sacó de allí y desarrolló cuidadosamente un amarillento pergamino escrito en caracteres muy enrevesados, y dijo con imponente seriedad:

-Yo no sé leer, ni tan siquiera en castellano, que es la lengua más
clara del mundo; pero el diablo me lleve si esta escritura no es de moros.

-¿Es decir, que la has encontrado en la Torre?

-No lo digo sólo por eso, sino porque estos garrapatos no se parecen
a ninguno de los que he visto hacer a gente cristiana.

La mujer de Juan Gómez miró y olió el pergamino y exclamó con una
seguridad tan cómica como gratuita:

-¡De moros es!

Pasado un rato, añadió melancólicamente:

-Aunque también me estorba a mí lo negro, juraría que tenemos en las
manos, la licencia absoluta de algún soldado de Mahoma, que ya estará en
los profundos infiernos.

-¿Lo dices por el cañuto de plomo?

-Por el cañuto lo digo.

-Pues te equivocas de medio a medio, amiga Torcuata; porque ni los
moros entraban en quintas, según me ha dicho varias veces nuestro hijo
Agustín, ni esto es una licencia absoluta. Esto es... un...

El tío Hormiga miró en torno suyo, bajó la voz y dijo con entera fe:

-¡Estas son las señas de un tesoro!

-¡Tienes razón! -respondió la mujer, súbitamente inflamada por la
misma creencia.¿Y lo has encontrado ya? ¿Es muy grande? ¿Lo has vuelto a
tapar bien? ¿Son monedas de plata o de oro? ¿Crees tú que pasarán todavía?
¡Que felicidad para nuestros hijos! ¡Como van a gastar y a triunfar en
Granada y en Madrid! ¡Yo quiero ver eso! Vamos allá... Esta noche hace
luna

-¡Mujer de Dios! ¡Sosiégate! ¿Como quieres que haya topado ya con el
tesoro guiándome por estas señas, si yo no sé leer en moro ni en
cristiano?

-¡Es verdad! Pues mira.... Haz una cosa: en cuanto Dios eche sus
luces, apareja un buen mulo; pasa la sierra por el puerto de la Ragua, que
dicen está bueno, y llegate a Ugíjar, a casa de nuestro compadre D. Matías
Quesada, el cual sabes entiende de todo.... Él te pondrá en claro ese
papel y te dará buenos consejos, como siempre.

-¡Mis dineros me cuestan todos sus consejos a pesar de nuestro
compadrazgo! ... Pero, en fin, lo mismo había pensado yo. Mañana iré a
Ugíjar, y a la noche estaré aquí de vuelta; pues todo será apretar un poco
a la caballería...

-Pero ¡cuidado que le expliques bien las cosas!...

-Poco tengo que explicarle. El cañuto estaba escondido en un hueco o
nicho revestido de azulejos como los de Valencia, formado en el espesor de
una pared. He derribado todo aquel lienzo, y nada más de particular he
hallado. Debajo de lo ya destruido comienza la obra de sillería de los
cimientos, cuyas enormes piedras, de más de vara en cuadro, no removerán
fácilmente dos ni tres personas de puños tan buenos como los míos. Por
consiguiente, es necesario saber de una manera fija en qué punto estaba
escondido el tesoro, so pena de tener que arrancar con ayuda de vecinos
todos los cimientos de la Torre...

-¡Nada! ¡Nada! ¡A Ugíjar en cuanto amanezca! Ofrécele a nuestro
compadre una parte..., no muy larga, de lo que hallemos, y, cuando sepamos
donde hay que excavar, yo misma te ayudaré a arrancar piedras de
sillería.¡Hijos de mi alma! ¡Todo para ellos! Por lo que a mí toca, sólo
siento si habrá algo que sea pecado en esto que hablamos en voz baja.

-¿Qué pecado puede haber, grandísima tonta?

-No sé explicártelo.... Pero los tesoros me habían parecido siempre
cosa del demonio, o de duendes.... Además ¡tomaste a censo aquel terreno
por tan poco rédito al año!... ¡Todo el pueblo dice hubo trampa en tal
negocio!

-¡Eso es cuenta del secretario y de los concejales! Ellos me hicieron
la escritura.

-Por otro lado, tengo entendido que de los tesoros hay que dar parte
al Rey....

-Eso es cuando no se hallan en terreno propio como este mío...

-¡Propio! ¡Propio!... ¡A saber de quién sería esa torre que te ha
vendido el Ayuntamiento!...

-¡Toma! ¡Del Moro!

-¡A saber quién sería ese Moro !... Por de pronto, Juan, las monedas
que el Moro escondiera en su casa serían suyas o de sus herederos; no
tuyas, ni mías...

-¡Estás diciendo disparates! ¡Por esa cuenta no debía yo ser alcalde
de Aldeire, sino el que lo era el año pasado cuando se pronunció Riego!
¡Por esa cuenta, habría que mandar todos los años a África, a los
descendientes de los moros, las rentas que produjesen las vegas de
Granada, de Guadix y de centenares de pueblos!...

-¡Puede que tengas razón!... En fin, ve a Ugíjar, y el compadre te
aconsejará lo mejor en todo.

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