31 de xullo de 2011
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30 de xullo de 2011
20.000 leguas de viaxe baixo os mares (XXXIII).
Fíxose de día. As brumas matinais envolvíannos, pero non tardaron en desgarrarse. Dispúñame a examinar atentamente a superficie do aparello, que no seu parte superior presentaba unha especie de plataforma horizontal, cando me dei conta de que o barco iniciaba un movemento de inmersión.
-Eh! Por todos os diaños! -gritou Ned Land, á vez que golpeaba co pé o ferro sonoro-. ábrannos, navegantes inhospitalarios!
Pero era difícil facerse ouvir no medio do ensordecedor zumbido da hélice.
Afortunadamente, cesou o movemento de inmersión.
De súpeto, produciuse no interior do barco un ruído de ferros, que precedeu á apertura dun porta pola que apareceu un home que proferiu un estraño berro antes de desaparecer deseguido.
Algúns instantes despois, oito homes moi fornidos, co rostro velado, apareceron pola abertura e, silenciosamente, introducíronnos na súa formidable máquina.
29 de xullo de 2011
HORRORES Y ERRORES (IV Bis)
Y ahora sí, ésta es la última entrega sobre este tema. Quizá haya otros similares, o quizá decida cometer un suicidio literario y me dedique a tocar algunos melindres por ahí. O a lo mejor me siento filosófica y me dedico a especular sobre la plantación de berenjenas transgénicas en Sri Lanka, quién sabe, cosas más raras he hecho. Pero no adelantemos acontecimientos. Dije que hablaría de lo que hay que tener en cuenta antes de escribir una historia, y a eso voy.
V. Vale, ya sé qué quiero contar. Y ahora, ¿cómo empiezo?
Pues, por el principio es una buena forma, y si tenéis una frase estupenda para comenzar, adelante, ¿a qué estáis esperando? El primer párrafo es el que engancha, así que no os cortéis: desplegad todo vuestro arte. Pero, por favor, recordad: ortografía, gramática, sencillez. Dicho esto, veamos qué no se debe olvidar:
a) El punto de vista. Pensadlo bien antes de empezar a escribir. No es lo mismo utilizar un narrador omnisciente que una primera persona, o una tercera subjetiva. No es lo mismo utilizar varios puntos de vista, que una única voz para toda la obra. Cualquiera de esas elecciones tiene sus ventajas y sus desventajas, y no todas cuadran con todos los estilos, ni con todas las historias. La primera persona puede acercar más el personaje al lector, pero, para mi gusto, se corre el riesgo de un cierto "infantilismo", además de limitar lo que el narrador —y por consiguiente el lector— "ve" en la historia. El narrador omnisciente es... tan obvio. Pero, bien, tiene la ventaja de que es eso: omnisciente. ¿Mi opción? Pues suelo decantarme por la tercera subjetiva a menos que la historia demande otra cosa, porque me permite definir mejor los personajes y ver la historia desde muchos ángulos. Pierdo la capacidad de describir ciertas escenas en las que aparecen personajes sin punto de vista, pero la verdad es que no me importa. Me siento cómoda con ese narrador, y todo el mundo debería sentirse cómodo con lo que está escribiendo, o de lo contrario no conseguirá sacar la redacción adelante. De todos modos, como ya he dicho, depende de lo que demande la historia. Cuando me preparo para escribir algo nuevo suelo tener las primeras frases en la cabeza, y es el propio relato, o novela, el que me dice qué persona usar sin que mi voluntad intervenga para nada en el proceso. Como ya explicaré más adelante, no es buena idea llevarle la contraria a tus historias...
Lo importante aquí es que, sea cuál sea vuestra elección, una vez tomada la decisión, no podéis cambiar de opinión a la mitad del camino. Valorad los pros y los contras de decantaros por una determinada opción, y pandad con las consecuencias. Sí, claro, he visto a algún autor pasarse esta regla por el mismísimo forro y con un resultado estupendo, pero, seamos serios: no sois Stephen King. Hay que vender lo que él vende, y conocer los trucos del oficio como él los conoce, para poner los dedos encima de las teclas y decir: «…Y este capítulo lo voy a escribir en primera persona, en presente, y desde el punto de vista de un perro, porque me sale de los mismísimos». Y que encima le quede bien. Con un par.
b) Los tiempos verbales. Bueno, personalmente detesto la narración en presente, pero eso no quiere decir que sea incorrecta. Sólo que yo la detesto. Así que, adelante, escribid en presente si queréis. O en pasado. O incluso hasta en futuro, si sois capaces. Pero, al igual que con el punto de vista, no cambiéis de idea. Si saltáis de un tiempo a otro, además de cometer un error de manual, confundís al lector y estropeáis la narración. Así que, mucho ojo.
Sí, bien, esta regla también puede mandarse al conco, pero no os lo recomiendo, en serio… Hace falta mucho más de lo que la mayoría de los escritores tiene para salir de ese embrollo con relativo éxito. ¿Se puede hacer? Sí, claro. Casi todo se puede hacer. Pero para conseguir un resultado lamentable, mejor no meterse en semejantes berenjenales.
c) Esquematización, orden. No soy muy ordenada, lo reconozco. Cuando tengo el fantasma de la sombra del suspiro de una idea, me pongo delante del netbook (sí, escribo en un netbook. Me he forzado a adaptarme al teclado pequeño, porque me puedo llevar mi chiquitín a todas partes y escribir dónde y cuándo me apetece) y “tiro millas”, bajo la asunción de que, tarde o temprano, mis personajes tendrán a bien informarme del tan esperado Qué Puñetas Va A Pasar Ahora. Y lo hacen. En serio, lo hacen. Jamás me peleo con ellos ni les llevo la contraria. Si yo tenía pensado que un determinado personaje fuera a dar un paseo por el parque y mirara las mariposas, pero él decide que quiere ir de botellón y mazarse a copas, le hago caso. Al fin y al cabo, la historia es suya. O al menos, tan suya como mía. Rara vez tengo completamente claro lo que va a pasar en mis historias, y rara vez me lo planteo en detalle antes de empezar a escribir.
Sí, lo sé: todos los talleres de escritura, todos los gurús de la literatura, todos los que saben —o creen que saben— algo de esto os dirán que hay que estructurar, planificar, ordenar e incluso —insértese aquí un estremecimiento de pavor— hacer esquemas de hasta el último maldito detalle de hasta la última maldita coma que tengáis en mente. Pues bueno, pues vale, pues ellos sabrán lo que dicen, e incluso hasta lo sabrán mejor que yo, o con mejores credenciales. Pero a mí personalmente me parece la muerte de la literatura. Creo que cada historia que nace de un teclado es algo vivo, que crece hasta límites que ni se habían contemplado en un principio, y que se desenvuelve como quiere, sin más límite que la propia imaginación del autor. Y, para mí, así es como debe ser. Pero eso es para mí, y me funciona a mí, y a alguna gente que conozco por ahí (hola, Nee) Lo que no quiere decir, ni mucho menos, que sirva para todos.
Así que, bueno, esquematizad lo que queráis, si es lo que necesitáis. Pero estad dispuestos a saltar por encima de vuestros propios esquemas si la historia os lo pide. Es inútil pelearse con los personajes, o con el modo en que las cosas quieren contarse. Sólo empeora el resultado y hace perder frescura a lo que se escribe.
Y con esto, ya tenéis bastante para pensar antes de escribir. Cuando ya tengáis vuestro pequeñín listo, y os pongáis a revisarlo, podéis hacerme caso e intentar no caer en lo que yo considero errores garrafales, o podéis pasar de mí por completo y decidir vuestras propias reglas. Allá vosotros y vuestra conciencia. Pero si conseguís publicar, y tenéis la mala suerte de que el libro caiga en mis manos y me dé por reseñarlo —algo difícil, lo reconozco, porque odio escribir reseñas... Pero oye, nunca se sabe, y yo puedo ser muy puñetera cuando me pongo—, os advierto que destriparé todas y cada una de vuestras faltas ortográficas y gramaticales, criticaré la elección de cada palabra rebuscada, y pondré a vuestros personajes mirando a Cuenca. Qué le vamos a hacer, nunca he dicho que sea una buena persona.
Pero tampoco soy tan mala, así que os dejo unos últimos consejos que, por descontado, también podéis ignorar.
a) Esto es literatura. Y como tal, son letras. Los números están fuera de lugar. Un par de cosas no están separadas por 15 cmts, lo están por quince centímetros. No pasan 1 ó 2 segundos (sí, sé que la RAE ha quitado esa tilde. Me importa muy poco. A veces, hasta los dignos académicos actúan sin pensar…), pasan uno o dos segundos. No estoy tan de acuerdo con el que no se puedan usar onomatopeyas, aunque es una de esas reglas tan comúnmente aceptadas. A mí es que me encanta decir que las puertas de un ascensor se abrieron con un «tímido ‘ting’», o que el despertador hizo «sonar su ‘riiing’ maldito». Pero mi estilo es bastante particular, así que saltarse esta regla en concreto, probablemente no funcione para todo el mundo.
b) Menuda mente tenemos. Mea culpa. Una de las cosas que más tengo que corregir. Los malditos adverbios terminados en –mente. Son el recurso fácil de una mente vaga, y hacen que la narración suene… ¿cacofónica? Evitadlos con el mismo cuidado con el que hay que evitar las repeticiones de palabras. Sí, hay palabras estupendas y que deberían poder usarse mil veces, lo sé. Y también hay palabras cómodas, o que no tienen un sinónimo claro (mi reino por un sinónimo de "sonrisa"), pero salvo en repeticiones buscadas a propósito como figuras retóricas, usar la misma palabra mil veces queda... feo. Sin más.
c) Ritmo y estructura. Lo habréis escuchado miles de veces: una historia tiene una presentación, un nudo y un desenlace. Y hay que dedicarle a cada uno el tiempo preciso. No vale apresurarse, no vale describir de forma exhaustiva a los personajes, contar con detalle el conflicto… y resolverlo en diez líneas. Es algo tramposo, brusco, y frustra al lector. Una novela —o incluso casi con más razón un relato corto— tiene que estar bien estructurada y seguir un ritmo lógico. Nada de prisas, nada de “esto lo termino yo en dos patadas”, porque así se cae en finales tipo: lo hizo un mago; era un sueño; la Isla era… No, tranquilos. Casi todo lo que escribo suele ser spoiler free, aunque si a estas alturas habéis conseguido no enteraros de cómo acaba Lost, deberíais aparecer en el Libro Guinness de los Récords.
A lo que iba: paciencia. Sé que resulta especialmente difícil en los concursos que imponen un límite mínimo de palabras, pero creo que el único truco para esto es escribir hasta que la historia queda perfectamente resuelta, y después ir “metiendo tijera” en algunos adjetivos aquí y allá, algunos artículos que pueden eliminarse, etc. Es preferible pasarse el trabajo de “poda” a que la historia quede coja y mal equilibrada porque estáis viendo que llegáis al límite de palabras, y todavía os falta sudar sangre para resolver la trama. Y si después de todo el trabajo de corta y pega excedéis el límite marcado por mucho, y no hay forma de hacerlo mejor sin mutilar el relato, pues… casi mejor esperad a otra ocasión con un límite mayor.
Aunque eso no cambiará el hecho de que odie las faltas de ortografía, deteste la prosa farragosa, y que los personajes sin “alma” me den urticaria.
28 de xullo de 2011
Aforismos de Leonardo
27 de xullo de 2011
O Proceso - Franz Kafka

Inacabado e con capítulos a medio facer, esta novela trascendeu na historia por outros dous motivos: Está escrita por Kafka. A novela misma é Kafka.
¿Que a diferencia entón das súas demáis obras?
Pois da metamorfosis quizáis nada. Simplemente cambia a forma de expresar a mesma idea.
En canto ó resto, non sei. Non lin nada máis.
¿Como podo entón atreverme a dicir quen é ou quen deixa de ser Kafka?
Bueno, para iso están os prólogos e a wikipedia.
Non vou contar agora a súa historia pois sobran as biografías , nin facer un resumo do libro que xa fixo moita xente. Tampouco vou contar a miña experiencia lectora ¿quen son eu para amosar tal despilfarro de xactancia?
Aínda que isto e o que levo facendo ata agora...¿Como me xustificarei? ¿Será simplemente que hoxe non teño gañas?, ¿Será que algunha vez tiven? So hai unha cousa máis triste que traballar de balde e sen ganas, traballar cobrando e sen ganas, porque estas atado a necesidade do diñeiro, en cambio eu son libre de deixar a labor cando a considere.
A pesar de que efectivamente, hoxe non tivera ganas, xa dei escrito un bo anaco do artigo e xa me sinto mellor. Se ben e certo que a metade das cousas que puxen non teñen relación co título que o encabeza, non me altera en demasía. Fago coma Kafka, non escribo para a xente, escribo para min.
Se ben é certo, hai un pequeno fallo, a pesar de que o meu artigo son eu, eu non son Kafka.
Certamente esta última frase ben podía ser un bonito peche do artigo, pero estas son as cousas misteriosas dos tornadizos carácteres (misterio que por tanto xa non é) dalgunhas personas, que me parece que debo seguir escribindo, xa que empecei.
Considero isto a mesma situación de cando miras a unha rapaza que parece que tamén te mira a ti, e te acercas a ela con vergoña e temor e pensas e repensas 20 veces non só a primeira frase, senón o tema que sacarás a continuación para que esta se manteña atenta a ti.
Pois o misterio non é máis que ese. A rapaza é nova e descoñecida cada día, e non é que non teña ganas de coñecela, e que normalmente son demasiado vago para acercarme a ela. O que suele pasar (por descarte e non por mérito meu) e que ela veña a min. Outras veces concedo citas a cegas un determinado día da semana , despois podo aparecer ou non aparecer (ou facerme de rogar), pero o feito e que a miña palabra de cabaleiro esta por riba da miña preguiza, e so desta maneira consigo ter algun tipo de éxito entre elas, e obrigarme a min mesmo a seguir facéndoo.
Máis despois de pasar un rato con ela, o máis corriente e que a conversación xa non de moito máis de si, e a decisión mais sensanta é despedirse cortesmente e citarse , se todo foi ben, para outro día.
-Ate o mércores que ven, linda .
26 de xullo de 2011
Alimentos industriais potencian a bacteria E. coli?
A aparición dun novo virotipo de E. coli en Alemaña, que desde maio deixou varias ducias de mortos e máis de 2.600 enfermos e ten de cabeza aos científicos, é un capítulo máis, pero non ten nada de ficción. En Europa aínda non se sabe cal foi a fonte da contaminación.
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