21 de xullo de 2018

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Lord Dunsany - De Cómo Llegó Plash-Goo al País que Nadie Deasea

     En una choza con techo de paja, de tan descomunal tamaño que podríamos
     considerarla un palacio, aunque no fuera más que una choza por su estilo
     constructivo, sus vigas de madera y la índole de su interior, vivía
     Plash-Goo.
     Plash-Goo era uno de los hijos de los gigantes, cuyo monarca era Uph. El
     linaje de Uph había menguado en corpulencia durante los últimos quinientos
     años, de manera que ahora los gigantes no sobrepasaban los quince pies de
     altura; no obstante, Uph comía elefantes, que atrapaba con las manos.
     En la cumbre de las montañas que rodeaban la casa de Plash-Goo -pues
     Plash-Goo vivía en el llano- habitaba un enano llamado Lrippity-Kang.
     El enano solía caminar al atardecer por las crestas más altas de las
     montañas, subiéndolas y bajándolas, y era achaparrado, feo y peludo; y
     Plash-Goo lo vio claramente.
     Durante varias semanas, el gigante había soportado verlo hasta que
     finalmente le molestó su presencia (como suele ocurrir a los hombres con
     las cosas insignificantes) y ya no pudo dormir por las noches y perdió el
     gusto por los cerdos. Y por fin llegó el día, como cualquiera podía haber
     adivinado, en que Plash-Goo se echó al hombro su garrote y subió a buscar
     al enano.

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